Bajo este título he encontrado un artículo en RRHH Magazine que me ha parecido bastante interesante, y creo que además expresa bastante bien la situación actual en la mayoría de las empresas españolas.
Aunque cualquier directivo tiene entre sus prioridades la continua innovación y la apertura al cambio, en el día a día la realidad es bien distinta, ya que la creatividad siempre encuentra piedras en su camino. El problema normalmente está en la cantidad de tareas de realización inmediata que se encuentran en cualquier empresa, y que impiden detenerse para plantearse otros modos de hacer las cosas, u objetivos de cambio a largo plazo. Lo importante es salir adelante, y hacerlo de un modo distinto o innovador siempre supone arriesgarse, y no es una condición que la mayoría de las empresas estén dispuestas a aceptar.
El resultado es que los talentos innovadores se ven reprimidos, poniendo barreras a la propia competitividad de la empresa, ya que el que innova siempre irá por delante dentro de su sector.
En la época que vivimos, movida por la información y el conocimiento, es el talento de las personas y la habilidad de las empresas para gestionarlo y convertirlo en conocimiento organizativo lo que marca la diferencia y permite asegurar su competitividad.
Los nuevos planteamientos en gestión del talento apuntan a que ‘el talento es lo único que mueve el capital’. Ya no se concibe un jefe que mande y un empleado que obedezca sin más; flexibilidad, confianza en los empleados y desjerarquización son las palabras clave de estas nuevas formas organizativas y que deberán ser la apuesta de las empresas que de verdad quieran innovar y ganar competitividad.

Como siempre la teoría es muy bonita, pero ¿es real esto de que hoy en día lo importante es la gestión del talento, la innovación, etc.?
He tenido la oportunidad de trabajar en una gran empresa que permanentemente se vanagloria a través de todos los medios de comunicación (prensa, multiconferencias, televisión, etc.) que su activo principal son sus empleados, que están en constante evolución apostando por el cambio y la orientación al cliente (tanto externo como interno), pero la triste realidad es la de siempre, al final cuando uno da demasiadas ideas, trata de introducir cambios persiguiendo modelos de eficacia, apuesta por el desarrollo de las personas y un sin fin de cosas más, se convierte en un humano peligroso que igual le quita el puesto al de arriba, y eso no gusta.
Y lo peor es que hace que los demás piensen que desestabiliza el sistema que tanto trabajo ha costado construir (ahora hay que agarrarse más a la silla, con uñas y dientes, y eso transmite sensación de inseguridad), con lo que al final todo queda en unos slogans muy decorativos pero por los que nadie quiere responder.
A lo mejor es verdad que las cosas cambian y empezamos a renovar el parque de “percebes” que muchas veces nos preceden en los puestos que requieren ideas de innovación y gestión del cambio, pero aún tardaremos un poco en verlo, creo yo.
Ojalá se renueven los “percebes” como tú bien dices, estoy totalmente de acuerdo en que la mayoría de las empresas tienen muchas reticencias para aceptar la innovación y la creatividad en sus empleados, y la raíz del problema es difícil de arrancar, porque si se encuentra un sistema que funciona correctamente es lógico que cueste decidirse a apostar por algo diferente, perdiendo así la seguridad de los métodos tradicionales.
Yo creo plenamente en la innovación y la creatividad, pero me imagino que si tuviera un negocio también tendría mis reservas ante el cambio. Creo (por mi experiencia) que ese es el motivo por el que las empresas se bloquean ante la innovación, y no tanto el miedo a que te “roben” el puesto.