Bajo este título he encontrado un artículo en RRHH Magazine que me ha parecido bastante interesante, y creo que además expresa bastante bien la situación actual en la mayoría de las empresas españolas.
Aunque cualquier directivo tiene entre sus prioridades la continua innovación y la apertura al cambio, en el día a día la realidad es bien distinta, ya que la creatividad siempre encuentra piedras en su camino. El problema normalmente está en la cantidad de tareas de realización inmediata que se encuentran en cualquier empresa, y que impiden detenerse para plantearse otros modos de hacer las cosas, u objetivos de cambio a largo plazo. Lo importante es salir adelante, y hacerlo de un modo distinto o innovador siempre supone arriesgarse, y no es una condición que la mayoría de las empresas estén dispuestas a aceptar.
El resultado es que los talentos innovadores se ven reprimidos, poniendo barreras a la propia competitividad de la empresa, ya que el que innova siempre irá por delante dentro de su sector.
En la época que vivimos, movida por la información y el conocimiento, es el talento de las personas y la habilidad de las empresas para gestionarlo y convertirlo en conocimiento organizativo lo que marca la diferencia y permite asegurar su competitividad.
Los nuevos planteamientos en gestión del talento apuntan a que ‘el talento es lo único que mueve el capital’. Ya no se concibe un jefe que mande y un empleado que obedezca sin más; flexibilidad, confianza en los empleados y desjerarquización son las palabras clave de estas nuevas formas organizativas y que deberán ser la apuesta de las empresas que de verdad quieran innovar y ganar competitividad.
