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¡Prohibido pensar, esto es una empresa!

Bajo este título he encontrado un artículo en RRHH Magazine que me ha parecido bastante interesante, y creo que además expresa bastante bien la situación actual en la mayoría de las empresas españolas.

Aunque cualquier directivo tiene entre sus prioridades la continua innovación y la apertura al cambio, en el día a día la realidad es bien distinta, ya que la creatividad siempre encuentra piedras en su camino. El problema normalmente está en la cantidad de tareas de realización inmediata que se encuentran en cualquier empresa, y que impiden detenerse para plantearse otros modos de hacer las cosas, u objetivos de cambio a largo plazo. Lo importante es salir adelante, y hacerlo de un modo distinto o innovador siempre supone arriesgarse, y no es una condición que la mayoría de las empresas estén dispuestas a aceptar.

El resultado es que los talentos innovadores se ven reprimidos, poniendo barreras a la propia competitividad de la empresa, ya que el que innova siempre irá por delante dentro de su sector.

En la época que vivimos, movida por la información y el conocimiento, es el talento de las personas y la habilidad de las empresas para gestionarlo y convertirlo en conocimiento organizativo lo que marca la diferencia y permite asegurar su competitividad.

Los nuevos planteamientos en gestión del talento apuntan a que ‘el talento es lo único que mueve el capital’. Ya no se concibe un jefe que mande y un empleado que obedezca sin más; flexibilidad, confianza en los empleados y desjerarquización son las palabras clave de estas nuevas formas organizativas y que deberán ser la apuesta de las empresas que de verdad quieran innovar y ganar competitividad.

Sólo la imaginación es más importante que el conocimiento

Quería empezar este blog con esta frase de Albert Einstein, que para mí refleja la importancia que tiene la creatividad y la agilidad mental para la productividad en cualquier puesto de trabajo, y más aún en un puesto directivo. Para ilustrar este tema incluyo una historia que me gusta bastante, está extraída de un post que leí en un blog sobre productividad personal de un alumno de Uniactiva:

«Cuenta una antigua leyenda, que en la Edad Media, un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer. En realidad, el verdadero autor era una persona muy influyente del reino y por eso, desde el primer momento buscaron a un “chivo expiatorio” para encubrir al verdadero culpable.

El hombre fue llevado a juicio, ya conociendo que tendría escasas o ninguna oportunidad de escapar al terrible veredicto: ¡LA HORCA!

El Juez, también cómplice, cuidó de dar todo el aspecto de un juicio justo y por esta razón le dijo al acusado:

- “Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor, vamos a dejar en manos de Él tu destino. Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente. Tu escogerás uno de ellos y será la mano de Dios la que decida tu destino”

Por supuesto, el funcionario corrupto había preparado dos papeles con la misma leyenda: “CULPABLE” y la pobre víctima, aún sin conocer los detalles, se dio cuenta que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria. El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados.

Éste inspiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados pensando, y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña sonrisa, escogió y agarró uno de los papeles y llevándolo a su boca, lo engulló rápidamente.

Sorprendidos e indignados los presentes, le reprocharon airadamente.

Pero… ¿qué hizo?… ¿Y ahora?… ¿Cómo vamos a saber el veredicto?

- “Es muy sencillo” respondió el acusado, “Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos que decía el que yo escogí”

Con rezongos y disgustos mal disimulados, tuvieron que liberar al acusado, y jamás volvieron a molestarlo.»

Por más difícil que se nos presente una situación, nunca dejemos de buscar la salida ni de luchar hasta el último momento. Cuando todo parezca perdido, usa la imaginación.

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